
En la actualidad, la migración de personas racializadas en situaciones de vulnerabilidad económica, política, social y/o climática, provenientes del Sur Global, enfrenta crecientes obstáculos. Muchos gobiernos han adoptado políticas migratorias restrictivas que criminalizan el tránsito de personas migrantes y dificultan su regularización, especialmente en países del Norte Global.
Este artículo ofrece una mirada introductoria a la publicación “Migración en la Ruta Mesoamericana: un tejido interseccional de luchas y resistencias”.
La investigación recoge las experiencias de 24 organizaciones, colectivos y grupos de la sociedad civil de El Salvador, Honduras, Guatemala, México y Estados Unidos, copartes de FCAM Foundation y de la Global Fund For Children, que trabajan con personas en situación de movilidad, en especial con niñeces, juventudes, mujeres, personas de la diversidad sexual, poblaciones indígenas, familiares de personas desparecidas, víctima de violencia sexual, entre otros.
Para comprender la importancia de su labor, es fundamental conocer el contexto migratorio actual y las condiciones que obligan a miles de personas a emprender el tránsito por la Ruta Mesoamericana.
La historia colonial de Mesoamérica está marcada por múltiples formas de violencia, especialmente aquellas relacionadas con la extracción de recursos naturales y humanos por parte de potencias europeas. Esta herencia colonial ha dejado profundas huellas en la región, que aún hoy enfrenta condiciones de precariedad, explotación, dependencia político-económica, patriarcado, racismo y clasismo.
En este contexto, la Ruta Mesoamericana —que atraviesa varios países con diferentes marcos legales— carece de una unidad jurídica regional. Esta fragmentación impide la implementación de políticas públicas integrales que garanticen la seguridad, protección y dignidad de las personas migrantes. Además, los cambios de gobierno generan inestabilidad en las medidas migratorias, afectando los tiempos de traslado y aumentando los riesgos para quienes migran.
A estas dificultades se suman otros desafíos:
Muchas personas en la región no pueden acceder a una vida digna debido a múltiples factores estructurales como: falta de empleo, acceso limitado a la educación, bajos salarios y ausencia de políticas públicas efectivas. Esta combinación de desigualdades impide satisfacer necesidades básicas como la vivienda, la alimentación, la salud y la educación.
La precarización de la vida y el aumento de las desigualdades sociales incrementan la violencia y la inseguridad en los países de Mesoamérica. Esta situación se ve agravada por la falta de políticas públicas de bienestar social, por la corrupción institucional y por factores culturales que promueven el individualismo.
Uno de los efectos más alarmantes de la ausencia de políticas públicas que garanticen derechos básicos, es el crecimiento y fortalecimiento del crimen organizado, el cual afecta principalmente a mujeres, juventudes y niñeces.
Mesoamérica es una de las regiones más vulnerables al cambio climático y sus efectos impactan de forma desproporcionada a mujeres y niñas, quienes representan el 80% de las personas desplazadas por el cambio climático a nivel mundial.
Por otro lado, las comunidades rurales e indígenas de Centroamérica y México mantienen una conexión profunda con la tierra y no desean abandonarla. Sin embargo, los desastres naturales, la crisis ambiental, la contaminación, la escasez de agua y la falta de insumos, han forzado a muchas personas a migrar en busca de otros medios de subsistencia.
Esta violencia es una de las principales causas de migración forzada en Mesoamérica, afectando especialmente a mujeres, niñeces y personas LGBTTTIQA+, quienes enfrentan múltiples formas de violencia estructural que les obligan a abandonar sus territorios en busca de seguridad y condiciones de vida dignas.
La LGBTfobia en la región se ha intensificado debido a la influencia de grupos conservadores y religiosos que promueven discursos de odio. Estas ideologías intentan incidir en políticas públicas y en sectores de la sociedad civil con mensajes de “limpieza social” y rechazo hacia la identidad de género y la orientación sexual, generando un entorno hostil que vulnera los derechos humanos de las personas LGBTTTIQA+.
Dependiendo de las causas de la migración, las personas migrantes enfrentan múltiples desafíos tanto en sus lugares de origen, durante su tránsito, en su destino y, si es el caso, en el retorno a sus comunidades.
Estos retos incluyen diversas formas de violencia, exclusión y discriminación, que impactan negativamente sus vidas. Pese a ello, las personas migrantes muestran una notable capacidad de resiliencia, gestionando sus recorridos y proyectos de vida con autonomía, formando redes de apoyo y ejerciendo liderazgos de diversas maneras.
Pese al complejo panorama que vive la región mesoamericana, las organizaciones, colectivas y grupos de la sociedad civil son faros de esperanza y resistencia.
Estas organizaciones forman parte de una red solidaria que resulta esencial para enfrentar las violencias estructurales que atraviesa la región. Su trabajo no solo brinda acompañamiento y protección, sino que también visibiliza las causas profundas de la migración en Mesoamérica, como la pobreza, la violencia, el desplazamiento forzado y la exclusión social.
Su labor está sostenida en el reconocimiento de la diversidad y la inclusión, a través de procesos participativos y toma de decisiones descentralizadas. Estas organizaciones aplican enfoques innovadores que reflejan su compromiso con las comunidades migrantes.
Las principales herramientas y valores que transmiten se basan en el cuidado, la escucha activa y horizontal, en la cocreación de rutas y proyectos, en el uso del arte y la cultura para crear comunidad, en generar y compartir conocimiento e información útil para los trayectos de las personas migrantes.
Además, brindan talleres y espacios de capacitación, reflexión, diálogo y orientación; facilitan herramientas para el acceso a la justicia y la defensa de los derechos humanos, y fortalecen el tejido comunitario.
También enfrentan múltiples desafíos como la falta de sostenibilidad financiera, afectaciones por la sobrecarga laboral y obstáculos para trabajar con entidades gubernamentales. Sin embargo, buscan superarlos mediante prácticas solidarias, aprendizajes colectivos y procesos de sensibilización.
Estas organizaciones caminan junto a la comunidad migrante, tejiendo lazos, fortaleciendo resistencias y luchando juntas en la defensa de la vida y la dignidad humana.
Si te interesa conocer con más detalle este tema, te invitamos a mantenerte pendiente del lanzamiento de la publicación “Migración en la Ruta Mesoamericana: un tejido interseccional de luchas y resistencias”. El lanzamiento lo estaremos difundiendo por nuestras redes sociales.
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